Diversos sentimientos he vivido los domingos, más aún cuando me volví acólito.

Al despertarme saber que tener que hacer acolitado en los horarios que podías elegir, habían 3 misas por la mañana y 2 por la noche.
Muy bueno era saber que había un buen grupo, la grandeza de ser acólito pienso que va más al principio en cumplir al horario de misa al cuál te has comprometido.
Luego, sientes cariño al grupo y llevo en mi mente que el Señor te conduce, como también hay libertad en tu actuar.
Algo que atraía a varios acólitos entre pequeños y mayores era que después de la misa de 8 a.m. nos invitaban desayuno, y no era cualquier desayuno.
Otra curiosidad, si lo toman así, es un padre a quien estimo por su trato... nos decía que creía en la evangelización por medio, por decirlo así, del alimento. Era agradable su forma de hacer que nos juntemos para ir a un restaurante y luego entablar una conversación.
Diferente tipo de trato de los sacerdotes, pero prima el afecto en ellos.

Al levantarme los domingos pasé por flojera, por ir a misa para después juntarnos entre los acólitos y realizar actividades de jóvenes, como también en cierto momento corto manejar el grupo con otros acólitos mayores.
Es una experiencia que no olvidaré y quién sabe si volveré para una buena despedida.
" Ser Acólito, Ser Apoyo para Cristo "